Wilson Lemme

Un estudio donde la toma manda

Wilson Lemme nació de una idea simple: que una banda emergente pueda grabar, mezclar y masterizar sin que su sonido termine sonando como el de otra. Trabajamos con sesiones multipista en Pro Tools y Ableton, edición de tomas, corrección de afinación cuando hace falta y cadena de mastering separada para vinilo, streaming y CD. La sala está tratada acústicamente, hay cabina de voces y backline propio, y la consola híbrida analógica-digital permite decidir caso por caso qué se resuelve en el dominio digital y qué conviene pasar por circuito.

El efecto buscado es concreto: que la mezcla suene sólida en el auto, en auriculares baratos y en el sistema de la sala, sin perder el carácter que hizo que la canción valiera la pena grabar.

De una sala prestada en Almagro al estudio híbrido de hoy

Wilson Lemme empezó grabando maquetas de bandas amigas con una interfaz de dos canales y una computadora que se apagaba sola. Lo que sostenía el proyecto no era el equipo, sino la costumbre de escuchar la toma completa antes de tocar nada. Esa manía sigue igual: primero entender la canción, después mover faders.

  1. 2014

    Primeras sesiones y un criterio de escucha

    Se alquila una sala tratada en Buenos Aires para grabar voces y guitarras. La decisión clave fue no comprimir durante la captura: todo entraba limpio para decidir después, con la banda presente.

  2. 2017

    Consola híbrida y backline propio

    Llega la consola analógica-digital y el backline propio. Se deja de depender de equipos prestados, lo que permitió jornadas completas de grabación sin frenar por un amplificador que no aparecía.

  3. 2020

    Trabajo a distancia con stems crudos

    Bandas de otras provincias empezaron a mandar sesiones multipista sin viajar. Se armó un protocolo de entrega, revisión y aprobación que hoy sostiene la mitad de los proyectos de mezcla y máster.

  4. 2023

    Cadenas separadas para vinilo, streaming y CD

    Varios sellos independientes pidieron versiones por formato. Se documentó cada cadena de mastering y se empezó a entregar notas técnicas junto al máster, para que el resultado no dependa de un solo parlante.

Hoy el estudio sigue trabajando con la misma lógica: sesiones ordenadas, decisiones documentadas y un oído puesto en cómo va a sonar la canción en la cocina de alguien, no solo en la sala de control.

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